Por José Arnoldo Sagastizado
El Salvador cuyo nombre es muestra de esperanza, de oportunidad de generar los cambios necesarios en un contexto, donde principia un gobierno con tendencia de izquierda, estaría en el camino de agenciarse más tiempo en el poder. Lo que espera toda tendencia política, recién conquistado el poder público. Pero su permanencia o disolución, dependerá en gran medida de las respuestas que pueda concederle a la problemática que desespera a la mayor parte de nuestra población.
A nadie escapa que nuestro país está necesitando de cuidados intensivos, porque se debate entre la vida y la muerte, con la variada propaganda que hace la oposición, jurando que debe hacerse esto, y lo otro, lo que ellos demostraron con maestría de impotencia en sus años de gestión, sin lograrlo, porque los problemas nacionales no se vieron como una CAUSA NACIONAL, porque era un ne-go-cio o porque quizá era in-de-te-ni-ble; ahora se sigue publicitando de ciertas maravillas que se han empezado a difundir desde la gestión presidencial, lo que cae simplemente en el terreno de los proyectos, que al pesarlos en la balanza de lo concreto, vemos que parece ser más de lo mismo, con la mutación del mismo discurso que tenían los gobiernos de derecha, llevándonos a hacernos una pregunta:¿Cuál es el cambio que se ha tenido? Sin duda, que ha de venir muy lejos, caminando preciso, pero “a paso de tortuga”, ojala y llegue a tiempo antes que este pueblo entero pueda pensar y actuar, dándose cuenta de la clase política que sigue reinando en toda la República -en especial en la capital- que infunden las mismas esperanzas de otros tiempos, con algunas variantes de dirigirse a la nación, pero que tienen el mismo corazón del argumentos demagógicos, alejándose de toda responsabilidad para hacerlas realidad en un presente que ya, no parece resistir; se espera que la gestión actual resuelva o reduzca los problemas tan urgentes que no dan más tiempo que, frenarlos de una vez por todas, pero para esto se requiere de profunda obligación política, digo obligación política, y no de voluntad, porque la obligación es un deber, un imperativo de hacer lo que el pueblo ha demandado en las urnas, y la voluntad depende de un potestativo que, si quiere el gobernante lo hace, si no quiere, simplemente no lo hace.
A más de un año de haberse sentado un gobierno, presidido por el un presidente que lucha por mantenerse en el balancín de negar sus cercanías con los sectores económicos y políticos de derecha, y que rechaza el total apego a las posturas revolucionarias y socialistas del partido que lo abanderó, para llevarlo al ejecutivo. Pero lo más importante de un primer ministro o presidente es que, las políticas públicas que disponga deben funcionar de verdad, debe ocuparse del acierto que no se está equivocando, debe sentirse obligado a darle respuestas a los problemas, y no darse el derecho de agotar quinientos años de invasión española, mas veinte años de dominación de la derecha que tanto daño le ha hecho a El Salvador. Ante todo este estira y encoge, los salvadoreños estamos esperando que, por fin se apliquen verdaderas políticas públicas con responsabilidad al más corto plazo que, de no poder eliminarlos, se reduzcan los problemas sociales, económicos y hasta jurídicos que cada vez se incrementan por la falta de obligación gubernamental. Si no se les da una respuesta inmediata, nuestra población que no tiene privilegios estatales, ni partidarios, ni exenciones gubernamentales, esperaría de la clase política el cinismo para presentarles en el año preelectoral, o para las trilladas campañas proselitistas, su novedosa plataforma política para el 2012 y/o para el 2014, tentando a este pueblo a cuidar su paciencia…
Está claro, la población salvadoreña a esta altura, ya no es la misma. Está observando, la inefectividad, hasta el momento, de las políticas públicas que se están implementando, con en el afán de palear las situación (parches, señuelos, espanta pájaros, etc.), sin responsabilizarse del cómo y cuándo le harán frente a las problemáticas de los habitantes en lo concerniente a la inseguridad, en el tránsito a salir del subdesarrollo, en la salud, la vivienda, la producción energía solar, de viento, la verdadera creación empleos, etc. ¿Cuándo tendrán respuestas estas necesidades? Los votantes, muchos de ellos ya confesos, de lo decepcionado que están por haber vendido un cambio que, no se sabe por dónde viene, están esperando que lleguen las próximas elecciones y llama mucho la atención que las políticas públicas del gobierno y del resto de las fuerzas políticas en el parlamento, siendo sinceros, no parecen dar en el blanco de cómo hacer para que El Salvador sea un Estado de respuestas ciudadanas, y no un terreno de nadie, que por sus instituciones se desgarra las vestiduras en defender que, aquí se respetan las libertades y que aquí hay un clima propicio para la vida y la confianza, para la inversión.
El Salvador debe hacerle honor a su nombre, y dejar de ser un Estado donde se condena a los habitantes a la inseguridad y al olvido.
#1 by Tú nombre (requerido) on 4 Agosto, 2010 - 5:06 PM
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efectivamente tenemos un estado sin respuestas. felicidades lic sagaz por su articulo